Scuba diving: más allá de bucear en Veracruz

Bien dicen que lo que no se planea, sale mejor.

Ayer por la tarde noche, recibí una llamada con una propuesta para ir a bucear el día de hoy “¡Que emoción!” pensé, y enseguida confirmé mi asistencia. Al minuto analicé lo que había pasado, y mi mente comenzó con la letanía “Bueno igual sólo voy a tomar fotos” o “Me da miedo sumergirme y depender un tanque de aire” sin embargo, la decisión ya estaba tomada.

Alrededor de las 9:00 a.m., llegué a las instalaciones de la empresa de buceo para comenzar “Tranquilamente” el proceso de esta aventura. A través de un video inductivo pude tener noción de lo que me esperaba – así como los riesgos u obstáculos que podrían presentarse-. Después, procedí a probarme el equipo completo y una vez que estuvo el grupo listo, nos dirigimos al Club de Yates del Puerto de Veracruz. Desde la salida, una agradable perspectiva de la costera de Veracruz nos despedía, con la promesa de que sería una gran mañana.


Nos dirigimos al horizonte y en esta ocasión, un pequeño delfín hizo su aparición para emocionarnos más de lo que ya estábamos. La embarcación se detuvo a unos metros de la Isla Verde, uno de los puntos que forman parte del Sistema Arrecifal Veracruzano, uno de los más importantes de México por su tamaño.

El grupo estaba formado por dos parejas, una compañera de proyecto y yo… ¡Y nuestro turno llegó antes de lo que esperábamos!, por lo que la adrenalina y los nervios empezaron a hacerse presente. Quiero destacar que la tranquilidad y experiencia que nuestro instructor transmitía fue fundamental para envalentonarme a sumergirme a las turquesas aguas que identifican esta parte del sistema arrecifal. Después de concluir una segunda parte de “adiestramiento” y familiarización con el equipo, dimos paso a lo importante.


Jamás hubiera pensado que el peso (en la superficie) del equipo de buceo era tanto, por lo que hundirme como costal con piedras, era una de las cosas que me pasaban por la mente. Acepto que hasta que me vi sentada en el borde de la embarcación, mi pensamiento era “Le voy a decir que yo sólo voy a hacer snorkel”. Ya estando en el agua no había vuelta atrás; iniciamos una tercera y última sesión de práctica y al sumergirme entendí, que se había convertido en un reto personal.

Mi primer pensamiento fue “Es hermoso”. Como promotora por convicción del turismo veracruzano, sabía que en nuestras aguas teníamos una gran joya natural y había visto fotos de amigos buceando, pero nada como verlo a través del visor. El mundo acuático siempre me ha parecido asombroso y lleno de misterios; y estando allí abajo, me envolvió esa sensación de ser sólo una invitada en un mundo totalmente ajeno pero que funciona en perfecta armonía.

Al inicio fue complicado coordinar la respiración y a medida que descendíamos a mayor profundidad, las molestias en los oídos eran inminentes. Fue gracias al acompañamiento y paciente entrenamiento, que logré descender hasta lo permitido como principiante que era. Sinceramente, la principal motivación para continuar con la actividad era el admirar la grandiosa flora y fauna que habitan en el lugar:  almejas, caracoles y cantidad de peces multicolores acompañados de pasto marino y muchísimas algas. Además, un par de grandes tortugas hicieron su acto de aparición cuando ya estábamos de regreso en la embarcación.

Además de la satisfacción personal de haber logrado mi objetivo, me quedo con dos tareas: incentivar a amigos y conocidos a que realicen esta emocionante actividad, siempre con la debida concientización de protección y respeto a este bello hábitat; y sin duda, ir planeando la próxima fecha para volver a bucear.

No tomé fotos dentro, ya que consideré importante tener mis manos lo más libres posibles, para poder maniobrar el equipo. Pero les juro, que no se van a arrepentir.

 


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